50 años de Paz

Nacho Tornel. Concejal de Cambiemos Murcia.ignaciotornel

Martes, 10h 05´. Mientras recorremos La Paz, la redada policial escenifica el titular de prensa publicado ese mismo día («La Policía aumentará su presencia en La Paz€») y alimenta la eterna etiqueta sobre este vecindario. Sin novedad, mañana leeremos lo que tantas veces. Hay más imágenes. Alguien nos desaconseja pasar por allí («ni por allí, ni por allí», señala). Seguimos paseando. Viviendas en planta baja más deterioradas que el resto, olores, aceras levantadas, accesibilidad complicada para los mayores, espacios libres para el juego abarrotados de vehículos aparcados, fachadas maltratadas, escaleras de edificios sin luz, sin limpiar, personas heridas de sufrimiento, pobreza, soledad. La anciana baldada por tantos años como limpiadora en la Universidad nos pide casi llorando llegar donde anoche encontró una rata enorme. Llegó hace medio siglo a un barrio levantado en honor a los 25 años de paz franquista.

Apenas un alma por la calle. Algunos jóvenes, revueltos pero sonrientes por la visita policial, deambulan de plaza en plaza siguiéndonos a distancia. No hacen nada ni (lo peor) necesitan hacer nada. Vigilan, avisan, esconden, controlan. Comentamos que la presencia de migrantes en el barrio ha resultado decisiva para frenar la proliferación del trapicheo como forma generalizada de vida, por tratarse de obreros y obreras («nacional o extranjera, la misma clase obrera») que buscan su escaso pan en trabajos que nadie quiere por un salario que nadie acepta. Su presencia se ha convertido en un factor de estabilidad para el barrio, en contra del habitual discurso xenófobo.

Un barrio donde nadie quiere pasear es un barrio desahuciado, cerrado, silenciado, mudo, donde no pasa nada. Sin embargo, pocos barrios de Murcia habrán sido objeto de más estudios sobre su realidad y su futuro. ¿Qué falta, entonces?

Falta comprender que no partimos de cero a la hora de afrontar el futuro. Precisamente, las numerosas reflexiones acerca del porvenir de La Paz ayudan a nombrar correctamente algunas de las dificultades. Entre ellas, las condiciones materi
ales de vida para sus vecinos. Claro, es más fácil enviar a la Policía para detener a personas que para detener la pobreza material que degrada la vida de las personas. El desempleo, la vivienda infrahumana, los recibos impagables, el frío no suben al furgón policial. También es imprescindible colocar a La Paz en la agenda política municipal, donde otros proyectos aparecen cada semana, de manera que se convierta en proyecto de referencia, no para revitalizar este barrio (que goza de vida propia) sino para revitalizar la ciudad al calor de este vecindario amurallado que es hoy La Paz. Y debe aparecer el nombre del barrio en el presupuesto municipal para afrontar alguno de los proyectos de rehabilitación ya diseñados por un buen número de profesionales.

Esta Corporación no puede despreciar esa aportación ante la crueldad de la degradación material y social que sufren 2.000 familias. Es de justicia que la aportación de miles de trabajadores a las arcas municipales durante cincuenta años revierta en sus condiciones de vida en algo más que subsidios y ayudas de emergencia.

Da un poco de vergüenza pasear entre tanta pobreza y mirar a la cara a quienes la sufren en su mesa a diario, pero todo no va a ser presidir procesiones. Salvo que la imagen objeto de culto sea esa mujer baldada a la que tantas veces hemos visto llorar desde hace cincuenta años.

Imagen del blog: http://adiezminutosdelcentro.blogspot.com.es/

Autor: Carlos Egio

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