El mundo al revés en Espinardo

Miguel Mérida, vocal de Cambiemos Murcia en Espinardo.

“Hace ciento treinta años, después de visitar el país de las maravillas, Alicia se metió en un espejo para descubrir el mundo al revés. Si Alicia renaciera en nuestros días, no necesitaría atravesar ningún espejo: le bastaría con asomarse a la ventana”.

Recordé sin remedio estas palabras del maestro Galeano cuando supe que la Unión Europea había bendecido el proyecto Urban del barrio del Espíritu Santo de Espinardo, porque solo puede tratarse de un mundo al revés aquel en el que se premia la degradación y la nula capacidad de los gobernantes. No tiene sentido alguno que las instituciones comunitarias otorguen un galardón a un proceso que ha dejado a un barrio, ya de por sí marginado, con un pabellón de casi dos millones de euros cerrado y cuya gestión no es asumida por ninguna concejalía del Ayuntamiento de Murcia. Tampoco que recompense a un barrio en el que los vecinos y vecinas salen con miedo por temor a ser apaleados, y en el que los trabajadores del servicio de recogida de basura tienen que hacer su trabajo escoltados por la Policía para evitar sufrir agresiones como sucedió el pasado julio.

¿Acaso sabe la UE que en Espinardo estamos sufriendo rotura de cristales, robos, intimidaciones, agresiones físicas y verbales día sí y día también? Me apuesto a que no. Quien sí lo sabe –porque somos muchos quienes hemos denunciado esta situación ante el Consistorio– es el concejal de Empleo, Turismo y Cultura, Jesús Francisco Pacheco, aunque pareció olvidarlo al asegurar que el premio de la Unión Europea “equivale a obtener reconocimiento internacional de Murcia como ciudad y del Ayuntamiento como buen gestor”. Señor Pacheco, la gestión de su gobierno no puede ser tomada como ejemplo de nada, y menos cuando usted mismo contribuyó al desmantelamiento de servicios públicos como los museos municipales y la Oficina de Turismo más céntrica de Murcia justo en el mes de agosto.

Quizá el barrio del Espíritu Santo de Espinardo sería diferente al actual si se hubiese destinado más dinero a una intervención social y educativa verdaderas, con formación y salidas profesionales, así como a una verdadera reintegración social, y no a obras cerradas que solo sirven para obtener premios europeos pero no mejoran ni de lejos la calidad social y habitabilidad del barrio. Pero nada de eso se ha dado.

Sigamos viviendo en el mundo al revés, que es un mundo patas arriba donde premiar las acciones vacías y la inutilidad son uno de sus signos de identidad.

Autor: Carlos Egio

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