No se puede restar responsabilidad a los culpables de delitos de pederastia hablando de demonios

No solo nos encontramos ante un hecho anacrónico, rechazado por gran parte de la Iglesia actual, sino que en dicha conferencia, se intenta restar responsabilidad a los culpables de delitos de pederastia o se explican enfermedades psíquicas con la posesión demoniaca, con el impacto sobre los pacientes que esto puede suponer, como si aún viviéramos en tiempos de ignorancia.

La gente no necesita del miedo al infierno ni del amor a ningún ser superior para realizar una vida ética y moral, adecuada a la convivencia en común.

En el modesto barrio de san Antón, en una iglesia pequeña y humilde, en lugar de aprovechar el culto al patrón de los animales, lo que podría servir para la alegría y la empatía con el resto de la sociedad, se ha realizado una conferencia sobre exorcismos y demonios como si la gente necesitara de la amenaza y el miedo para llevar a cabo una vida digna, ajustada a la ética. Se ha presentado un señor hablando de diablos metidos en el cuerpo de personas como si su mente no hubiera salido de la Edad Media.

Dejando aparte el hecho de que muchos teólogos han negado al diablo (Rudolf Bultmann dice que ángeles y demonios son un residuo supersticioso de una mentalidad sacral, Paul Ricoeur señala que es la figura del mal que todo hombre introduce en el mundo con el pecado, C. Westermann dice que ángeles y demonios son signos del amor de Dios o del pecado del hombre; es decir, que las Escrituras de la religión católica suponen la existencia de ángeles y demonios pero como un dato cultural, como metáforas del bien o del mal), lo cierto es que se ha impartido una charla anacrónica con la firma de una Junta Municipal. No es la primera vez que las Juntas hacen cosas dirigidas solo a la parte cristiana de sus vecinas y vecinos, pero si quizás esta es una de las más grotescas.

Invitamos a pensar estos espacios como lugares de convivencia laica y pacífica, donde cualquiera tenga su espacio y su encuentro, como una oportunidad de contribuir al bien común y no como películas de terror de cartón piedra.

Autor: Carlos Egio

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